Un reciente informe de JP Morgan, liderado por el economista Diego Pereira, advierte que la economía chilena se encuentra en un punto de inflexión donde la principal traba no es la falta de capital, sino la baja velocidad de conversión de proyectos en actividad real. Actualmente, cerca de US$ 93.000 millones —equivalentes al 25% del PIB— se encuentran estancados a la espera de aprobación ambiental. El análisis identifica al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) como un “cuello de botella” macroeconómico que limita el crecimiento pese al ciclo favorable en los precios de los minerales.
El diagnóstico del banco estadounidense destaca que la cartera de proyectos es robusta pero enfrenta desafíos de ejecución críticos. En minería, se proyectan inversiones por US$ 104.500 millones para la próxima década, concentradas mayoritariamente en el cobre, aunque solo el 41% tiene una alta probabilidad de concretarse en el corto plazo. Asimismo, el informe menciona con preocupación la suspensión de tres megaproyectos de hidrógeno verde por US$ 37.000 millones, lo que evidencia la tensión entre la ambición estratégica del país y su capacidad institucional para procesar iniciativas de alta complejidad territorial.
Para JP Morgan, el éxito del próximo gobierno dependerá de su capacidad para implementar plazos internos vinculantes y mejorar la coordinación entre servicios públicos sin sacrificar los estándares técnicos. El informe advierte que acelerar los permisos mediante revisiones débiles solo trasladará el problema hacia la judicialización, elevando la incertidumbre a largo plazo. La clave no estará en el discurso proinversión, sino en lograr que una mayor tasa de aprobación ambiental venga acompañada de una disminución efectiva en los conflictos legales y las suspensiones de proyectos.
Finalmente, el análisis subraya que desde 2019 la inversión fija en Chile ha perdido sincronía con el precio del cobre debido a factores de incertidumbre regulatoria interna. Si el sistema logra mejorar la previsibilidad, el país podría experimentar un repunte cíclico alineado con el impulso externo. De lo contrario, la denominada “permisología” seguirá operando como un freno estructural que impide que Chile aproveche las oportunidades de una cartera de inversión que podría redefinir su trayectoria económica en los próximos diez años. (NP-Gemini-La Teercera)








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