El Gobierno de Cuba, encabezado por Miguel Díaz-Canel, implementó un plan de emergencia nacional ante el desabastecimiento crítico de combustible, situación que ha comenzado a paralizar servicios esenciales como el transporte, la educación y la salud. El mandatario admitió que el país no recibe petróleo desde el exterior debido a las recientes sanciones impuestas por Estados Unidos, lo que ha detenido la generación eléctrica basada en diésel y fueloil. Ante este escenario, el Ejecutivo aludió a la “opción cero”, un esquema de supervivencia que contempla la autosuficiencia extrema y el uso de recursos alternativos como la tracción animal para paliar la crisis.
La falta de hidrocarburos ha provocado apagones que en regiones del oriente de la isla superan las 20 horas diarias, mientras que en La Habana se han normalizado cortes de hasta 15 horas. En localidades como la Isla de la Juventud se han establecido esquemas rotativos de suministro, mientras que en provincias como Las Tunas se suspendieron las principales rutas de transporte público. Para enfrentar la contingencia, algunas autoridades locales han priorizado el escaso combustible exclusivamente para hospitales y servicios funerarios, instando a la población a utilizar transporte no motorizado y carbón vegetal para cocinar.
El sector educativo también se ha visto afectado, con la Universidad de La Habana extendiendo la modalidad de clases semipresenciales por al menos un mes. Asimismo, diversos hospitales en la capital han comenzado a recortar servicios no esenciales para optimizar sus recursos energéticos. Estas medidas recuerdan a la depresión económica de los años noventa, conocida como el Periodo Especial, aunque en un contexto actual marcado por una mayor presión internacional y un deterioro acumulado de la infraestructura nacional durante el último año y medio.
El asedio petrolero se intensificó tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la posterior orden ejecutiva de Washington que aplica aranceles a cualquier proveedor que suministre combustible a la isla. Dado que Cuba requiere importar dos tercios de su demanda energética, el cierre total del suministro ha puesto al régimen en una situación de asfixia operativa. Mientras el gobierno cubano prepara nuevas medidas de contingencia similares a las adoptadas durante la pandemia de Covid-19, la comunidad internacional observa con atención el posible colapso definitivo de la administración castrista tras casi siete décadas en el poder. (NP-Gemini-Cooperativa EFE)








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